Ahí está, sola, como a la espera de mi ataque. Empuño mi arma, la preparo y me arrojo al combate. Mi enemiga sigue serena, como si pensara que no puedo afectarla; es una bestia cruel y despiadada que difícilmente cede ante alguien, aunque también sea increíblemente frágil. Mi primer ataque le deja algunas marcas, sin embargo, inmediatamente concluyo que lo que he hecho no vale la pena, así que es necesario embestir de nuevo. Ella permanece inmóvil, pero esta vez la veo más esquiva, aún más indiferente. ¡Oh!, cuán terrible es luchar contra esa maldita y perversa hoja en blanco.
Por: Andrés Ospina Ramírez.
Exelente! Te mantiene atado a su romantico y patetico contenido para liberarte con ese gran desenlace.
ResponderEliminarCHANFLE!!! Que belleza de escrito...
ResponderEliminarno puede uno decir que no es sospechoso, pero el temblor es el mismo ante ella u otra simple estrategía que sea el limite de la iniciación.
ResponderEliminarnelson Rivera
andres que bien como estas escribiendo,que interesante lo que haces con tu arte...esté es uno de mis favoritos.
ResponderEliminarte felicito,siguelo haciendo.